Me pregunto cuantas veces me levanto como hoy: Sin sueño y lista para emprender mi día a las 3:59 de la mañana para solo después convencerme que es demasiado temprano, que estoy hospedada en un hotel hermoso en mi país natal, México, y que es mejor dormir un poco mas….
Pues si, hoy me encuentro en México. Llegué ayer y ya me tengo que ir hoyL. Me volví a despertar a las 6:32 y comencé mi tarea devocional. ¡Es maravillosa! Este libro se llama “Jesús el Único y Suficiente” y creo que lo voy a disfrutar a lo máximo. Salmos 141:2 y Apocalipsis 5:8 dicen que nuestras oraciones suban al Trono de Dios como incienso. En la tradición Judía, era de costumbre que se quemara incienso 1 vez al año por el sumo sacerdote ante Dios en el templo. ¡Esta actividad era un privilegio que solo le tocaba a un sacerdote hacer una sola vez en toda su vida! Y no obstante, esto se elegía por medio de un “sorteo sagrado” a lo que muchos llaman la suerte. Imagínense todos lo preparativos para ese día. Todo el pueblo en espera en los atrios del pueblo esperando el resultado de esta santa ceremonia…el sumo sacerdote se santificaba confesando cada pecado que pudiera venir a su memoria, manteniendo su corazón en alerta para no pasar por alto nada que pudiera interferir con la oraciones que estaba a punto elevar ante Dios en beneficio de la nación entera de Israel. Su ajuar de ceremonias debía estar lo mas presentable posible y la cuerda de campanillas bien ajustada. Pues creo que eventos pasados le recordaban que si el como sumo sacerdote entraba a ese lugar santo donde NADIE mas podía entrar y Dios le hallaba “impuro” caía muerto al instante. El pueblo lleno de lamento solo podía jalar la cuerda para confirmar la muerte del sacerdote, el desagrado de Dios, y el comienzo de otro largo tiempo de preparación para el Día de Expiación (el día en que la culpa del pecado queda absuelta cargada por medio de un tercero, un cordero).
En el evangelio de Lucas (capitulo 1:1-25) encontramos que en hombre de edad avanzada le tocó “la suerte” de ofrecer incienso. El era recto delante de Dios y al quemar ese incienso, no solo agradó a Dios sino que las peticiones de su corazón fueron escuchadas. Y hoy pienso en eso. El quemar incienso es elevar nuestras oraciones a Dios. Cuando el aceite dentro de la lámpara se quema, inevitable mente despide una aroma del tipo de aceite y elementes de composición de la sustancia dentro de esa lámpara. Cuando oramos de todo corazón, nuestras oraciones despiden “aromas” delante de Dios. Ya no tenemos que depender de un sorteo sagrado para poder hablar con el Padre. Ya no tenemos que hacer saltos y maromeras de infinitas rutinas para tener acceso al Trono de Dios. El presentarnos ante El, ya no es un rito de una vez al año. Es un continuo quemar de incienso ofrecido a todas horas del día por los hijos de Dios que han creído en el Cordero Santo que pagó en la cruz nuestras deudas pecaminosas. Hoy, como Zacarías, vuelvo a orar aquellas oraciones antiguas que aun no han recibido un “no” por repuesta ni una manifestación en el mundo físico.