Hoy me desperté pensando en lo mucho que tenia que hacer y en el frio que transmitía a mis pies descalzos el piso de madera de mi hogar. Me envolví en una cobija frente a mi computadora a escribir. Las ventanas de mi casa dejan poco que desear del clima fuera de mi hogar pues el viento da su fuerza a conocer silbando en la quietud de la madrugada. Los arboles rinden sus ramas al sentir los azotes del viento que con su furor hace vibrar los vidrios cristalinos de las ventanas que me rodean. Si, el invierno hace su gran proclamación anual: He llegado. ¡Es tiempo de usar mis bufandas, mis guantes, y mis chamarras de invierno….me encanta! En medio de esta orquesta de melodías del mundo natural, pienso en cuanto anhelo expresar mi amor por mi Señor. Pienso en como mi vida ha cambiado…para bien y para mal. Pienso en como esta semana miré áreas de mi vida que no me placen a mi y mucho menos agradan a mi Señor.
Señor, no quiero que nunca te quedes cayado, que por mi falta de obediencia, pasen los años sin escuchar tu voz, y que nunca deje de amarte y desearte como lo mas valioso que tengo. Eres tu mi amor de toda la vida y aunque no siempre te he demostrado eso, quiero que sepas que lo que mas anhelo ya no es regresar a esos momentos de mi niñez donde Tu eras TODO para mi. No, quiero caminar hacia adelante creando nuevas memorias donde Tu eres el centro de mi TODO. Quiero memorias nuevas con palabra fresca que viene de Ti. Pues tú sabes que fuera de Ti nada hay. Esta mañana cuando el me dio mi beso de despedida, Tu me diste un beso de bienvenida. Y no puedo hacer más que agradecerte por tu mucha misericordia y tu inmerecida gracia hacia mí. ¡Cuánto te amo!